Gasta menos consumiendo mejor

La mente del consumidor es compleja y nos lleva a cometer errores financieros. Aunque los instintos nos pueden salvar de los trucos utilizados por los que se aprovechan de nuestras debilidades para manejar la información selectiva.

El humano sigue evolucionando a una velocidad más lenta que la tecnología y otras áreas que influyen en nuestra vida diaria. Los comerciales en todos los medios nos atrapan en una red de la que se nos hace difícil escapar sin las herramientas necesarias... capacitación y capacidad de análisis.

Los escáneres cerebrales y otros inventos han llevado a la publicidad y la ciencia del consumo a niveles extraordinarios. Saben cómo decidimos con unos lentes que analizan el movimiento de nuestros ojos, comparando los datos con el resultado de nuestra compra y cotejando los resultados con los de otras personas.

Con las informaciones los científicos consiguen saber con relativa exactitud la forma en que los humanos decidimos nuestras compras. Así producen sus comerciales, elaboran sus productos, colocan sus precios y mucho más. Su objetivo principal es maximizar sus ganancias.

Algunas máximas determinan nuestro consumo y es a lo que debemos ponerle atención:

  • Preferimos algunos bienes ante otros. La pregunta es ¿por qué ese? La respuesta no debe ser emocional: algunos son por costumbre, muchas veces proveniente de tiempos ancestrales, quizá antes era el mejor producto, o fue el que consumí en mi niñez; es el más económico; tenía la mejor relación precio-beneficio; es el mejor posicionado; es el más conocido; etc. No le pido que cuestione ahora cada producto que compra, pero quizá es el momento de revisar algunas elecciones. Muchas veces consigo mejor calidad o gusto por el mismo precio, en otras ocasiones logro gastar menos con el mismo gusto, y hasta decido gastar más en otro producto que sí me llena de satisfacción su posesión y no que solo estoy consumiendo, sino disfrutando.
  • Tenemos restricciones presupuestarias. No todos, pero muchos tienen que restringirse a lo que sus posibilidades les permiten. Aunque me parece que no todas son reales. Veo personas de todos los estratos que dedican parte de sus ingresos a lujos y protestan por la falta de dinero para comer mejor o comprar alguna herramienta que sí les puede mejorar la calidad de vida. Un ejemplo en las capas más bajas son los juegos de azar. La lotería, por ejemplo, es un destructor voraz de posibilidades de progreso. Los que andan en un vehículo de lujo o comen en restaurantes lo hacen por elección, no por obligación. Es una decisión propia asignar los recursos a un área o a otra.
  • Tendemos a maximizar nuestra satisfacción. Lograr la mayor utilidad de nuestro dinero es lo que intuitivamente nos guía. Por esa misma razón algunos vendedores y los anuncios apelan a nuestras emociones para confundir al instintivo Homo Economicus. Las informaciones que no son concluyentes son utilizadas para manipularnos. Decir que un jabón es antibacterial nos hace creer que debe decirlo para serlo, cuando la gran mayoría tienen sustancias que matan las bacterias. El desodorante sin aluminio no es el que lo dice, los que no son aerosol no lo tienen. Busquemos información para decidir, lo importante es poder analizar.

La mente es compleja, conociendo su funcionamiento podemos mejorar nuestra vida.

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