Texas y la tercera guerra globalizada

Las sociedades del mundo contemporáneo cada día aceleran su paso hacia una aldea global, un lugar cada vez más interconectado en los ámbitos político, económico, social, cultural y tecnológico.

Recordemos que la globalización fue la resultante de la consolidación de un capitalismo expansionista, de sus avances tecnológicos y de su misma necesidad de expandir el flujo comercial. Tanto así, que las innovaciones en las áreas de las telecomunicaciones y de la informática, especialmente con el Internet, han jugado un papel decisivo en la construcción de un mundo globalizado.

Ese expansionismo capitalista que posibilitó llevar a cabo transacciones financieras y agigantar los negocios dentro de una economía globalizada, generó una ruptura de las fronteras, en donde, por obvias razones, los seres humanos también fueron involucrados como “materia prima” de esa economía, que nefastamente manejada por un muy reducido número de personas enriquecidas escandalosamente, se han enceguecido y distanciado de los más altos valores humanos ético-morales, estando dispuestas a hacer y deshacer lo que consideren pertinente para preservar su poder político y económico globalizado, al punto, de ser capaces de armar guerras, ya no convencionales, nutridas por odios  políticos, raciales, religiosos, étc. Con tal de satisfacer su insaciabilidad.

Si pusiéramos un poco de interés reflexionando sobre los abominables y sangrientos hechos ejecutados por organizaciones terroristas en los últimos tiempos en múltiples partes del mundo, deberíamos preguntarnos, quién financia esos poderosos arsenales de guerra. Y deberíamos preguntarnos también, porque la corrupción política está tan ligada a la corrupción económica, y ya son incontables las evidencias de cómo hay una fuerza política y económica mundial capaz de manipular gobiernos, medios de información e instituciones de renombre, con tal de garantizar una concentración de la riqueza mundial en una exigua minoría del 1% del planeta.

O sino, pregúntese quiénes están detrás de la corrupción develada en el poderoso negocio del fútbol que desnudo a la FIFA en su más asqueante comportamiento asignando sedes mundiales en sitios inentendibles e impensables, a bonachones esquilmadores que hoy dominan desde las propiedades de prestigiosos clubes hasta las transferencias de ídolos mundiales.

Los problemas de los seres humanos que buscan refugio huyendo de los flagelos de esa economía salvaje antihumana y sus diabólicos agentes el terrorismo, la hambruna, la desigualdad y la arbitrariedad de quienes detentan poder, yacen en cualquier lugar del planeta con la complaciente indiferencia e insolidaridad de la gran mayoría de la sociedad civil.

En Kuala Lumpur, Malasia, el presidente Barack Obama visitó a niños migrantes y declaró que son lo contrario de los terroristas que siembran la destrucción, y dijo además, intentando ponerle un rostro humano a la crisis de refugiados, “que son iguales a nuestros chicos, la idea de que debemos tenerles miedo, de que la política de alguna manera nos llevaría a apartar la vista de su situación, no refleja lo mejor de nosotros”.

Ahora bien, deberíamos solidarizarnos con acciones concretas con las multitudes de personas que caminaron extenuantes recorridos hasta llegar a la mansión del gobernador de Texas, Greg Abbott, para sensibilizarlo de que es hora de que cesen las acciones arbitrarias e inhumanas contra la hermandad inmigrante, sobre todo contra sus hijos; pues como bien decía la máxima figura de la literatura española, Miguel de Cervantes Saavedra, “Un buen arrepentimiento es la mejor medicina que tienen las enfermedades del alma”.

 

ARNOBY BETANCOURT

Organizador Comunitario

Escuela de Derechos Humanos de Texas

 

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