Es un gran paso para el bienestar de toda la humanidad  

Por primera vez en la historia, los países del mundo representados en 195 delegaciones que participaron en la Conferencia Internacional Sobre Cambio Climático en París (COP21), suscribieron un acuerdo para empezar a combatir seriamente los efectos del cambio climático causado por el desarrollo de la humanidad. Aunque el Acuerdo de París no es perfecto, si es un avance fundamental para garantizar la subsistencia de las futuras generaciones en la Tierra.

Recordemos que la concentración de gases de efecto invernadero ocasionados por la industria, el transporte y los usos del suelo se han acumulado en la atmósfera; y el peor es el dióxido de carbono (CO2). Esos gases impiden que las radiaciones infrarrojas que emite el planeta al calentarse salgan al espacio y así la temperatura del planeta sube. Bil McKibben, cofundador de la ONG 350.org, dijo acertadamente: “Con esto no se ha salvado el planeta, pero puede haberse salvado la oportunidad de salvar el planeta”.

El Acuerdo de París, que es un documento jurídicamente vinculante como no lo era el Acuerdo de Kyoto, establece un compromiso de todos los países para evitar que la temperatura del planea aumente más de 2ºC, y cada 5 años se reunirán para revisar los compromisos y las metas; y en las 31 páginas de que consta el documento, la palabra “Transparencia” es la más repetitiva. Si no conseguimos cumplir las metas trazadas, perderemos la capa helada de Groenlandia, y cerca de 280 millones de personas que viven en territorios cercanos al mar se tendrían que desplazar por las inundaciones.

Es inentendible, que habiendo dejado pasar tanto tiempo para actuar, haya voces irresponsables que atacan el Acuerdo de París con una retórica politiquera y peligrosa. Mitch McConnell, un líder republicano en el Senado de Estados Unidos, anuncio que su partido está comprometido a “destrozar” el acuerdo una vez llegue a la Presidencia. Lo que ignora el respetable senador, es que el tiempo para esas discusiones ya se acabó. Ahora lo que queda, es que todos trabajemos hacia una gran reforma estructural para que llegue el día en que la ciencia y la tecnología logren que el sistema productivo y de transporte no dependa de los combustibles fósiles. Ahora que todos los países están de acuerdo en la existencia del problema, se puede trabajar conjuntamente para solucionarlo.

 

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