Terrorismo: no confundir inocentes con pecadores

Como consecuencia de los recientes atentados en San Bernardino (California), las leyes migratorias se han endurecido en detrimento de las perejas que desean venir a los Estados Unidos a través de la Visa K solicitada por uno de los cónyugues ciudadano de este país.

Ahora las autoridades migratorias están estudianto la posibilidad de hacer más difícil este trámite ante la presión de líderes y legisladores republicanos conservadores que a toda costa intentan impedir la llegada legal de una pareja originaria de naciones musulmanas a pesar de que ésta carezca de antecedentes criminales.

Ahora estos políticos republicanos pretenden a toda costa detener el ingreso de todos los extranjeros musulmanes, obviamente sin importar que –como se ha demostrado hasta el momento- se afecte severamente a los migrantes procedentes de México y Latinoamérica, quienes se ha demostrado no representan ningún tipo de peligro a la seguridad nacional.

Lo que también ha quedado claro es que la guerra contra el terrorismo en esta nación definitivamente ha cambiado. Tarde, pero ya se trabaja con otra metodología al respecto. Tenemos que entender que ningún país del planeta ni ninguna alta personalidad mundial están excentos de sufrir un criminal y mortal ataque terrorista.

Una de las fuertes discusiones que se tienen al momento sobre este espinoso tema –en pro y en contra- son los reclamos de la mayoría de la ciudadanía estadunidense para aplicar nuevas y más severas políticas de control y venta de armamento. Todo es según del ojo como se pretenda ver y los grandes intereses que se intenten proteger. Lo terrible de todo es que las masacres en colegios, centros de trabajo y en las calles de esta nación continúan con mayor frecuencia, cobrando la vida de más inocentes.

La gran lección que nos ha enseñado  la Historia la deberían repasar nuestros políticos: el terrorismo se puede combatir, pero no eliminar. Así tendremos que vivir el resto de nuestras vidas, porque estos actos asesinos han acompañado a la humanidad a través de los años.

LA NUEVA TRAGEDIA

Una nueva tragedia estremeció la nación. El asesinato de 14 personas en un almuerzo festivo de empleados condales de San Bernardino pareció repetir un acontecimiento tristemente conocido. Que los principales sospechosos sean un ciudadano estadunidense y su esposa, y que hayan actuado con una destructiva agenda terrorista, agrega una preocupación más a esta matanza

Entre las peculiaridades se halla el hecho que Sayd Farooq haya matado a compañeros de trabajo en lo que fue considerado ya como un acto de terrorismo, según el armamento y explosivos encontrados en su caso. Hay reportes que indican que Farooq, un devoto musulmán, se habría radicalizado en los últimos tiempos y mantenido contactos con personas cercanas al extremismo islámico. Es fundamental tener una exhaustiva investigación para saber los motivos y el detonante de esta masacre.

Esta tragedia se produce en un delicado momento político influenciado por los cruentos ataques de París. El debate nacional sobre si se debe aceptar a los refugiados sirios tomó un tono agrio y a veces repugnante en contra de los inmigrantes y musulmanes. Este incidente confirma lo que se ha temido desde mucho tiempo, que el peligro no está limitado a los extranjeros sino que hay estadunidenses radicalizados que se identifican con el extremismo islámico, dispuestos a tomar las armas.

Al mismo tiempo, es importante no caer en generalizaciones. Un musulmán no es un terrorista en potencia, como tampoco es un asesino en remisión alguien que le disguste la labor de Planned Parenthood. Las autoridades, políticos y candidatos tienen la responsabilidad de no atizar el fuego cuando se necesita calma para sacar provecho propio.

El fácil acceso a las armas es otro tema que no se puede pasar por alto. El poderoso armamento destructivo fue comprado legalmente y usado contra gente conocida por el asesino. Este es un patrón repetido que nada tiene que ver con el islamismo y todo con las leyes laxas de control de armas que diariamente convierten las calles y hogares estadunidenses en escenas de crimen.

Hay un fenómeno terrorista global que aparentemente mostró su rostro en San Bernardino. La reacción debe ser con la cabeza fría y sin confundir inocente con pecador.

 

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