El Perú: El sol brilla luego de una larga noche
Victor Acero Pinto | 12/9/2011, 2:46 p.m.
Hay pocos pueblos en el mundo tan ricos, enigmáticos, espléndidos y desconocidos como la tierra de los incas maltratada por propios y extraños. Destazada desde el siglo XVI de manera impiadosa por las manos criminales de las hordas españolas. La infamia y vesanía con que actuaron en contra de Atahualpa y su pueblo no han sido justificadas por los herederos de los criminales.
Aún no se tipifica como un holocausto el arrasamiento de los naturales americanos a manos de los europeos por dos razones: la primera porque los latinos no tenemos mayor peso en el concierto internacional gracias a cobardones como el que acaba de dejar el poder en el Perú por la puerta de atrás. Y segundo porque la historia la han escrito los asesinos; las cosas se verán distintas cuando nosotros, el pueblo, escribamos nuestra historia.
A partir del 9 de diciembre de 1824 en que los depredadores fueron expoliados para siempre con la Batalla de Ayacucho, comandada por el nunca bien amado mariscal Antonio José de Sucre, a pesar del pacto traidor de Rivadavia con la corona representada en el Perú por José de la Serna. Ese paraíso terrenal ha sido gobernado en provecho de los criollos y sus descendientes (hijos de españoles nacidos en América, condenados al ostracismo durante el cautiverio colonial), y los gárrulas que cual aves de rapiña otean esperando el momento de caer sobre la presa.
Las heroicas luchas independentistas fueron usufructuadas por señoritos con piel de seda pero entrañas de hiena, cuyo frontispicio deslumbra atrayendo a los incautos como las flores a las moscas.
Perú es un país rico, inmensamente rico en tierras, reservas mineras, selvas, playas y no tiene nada teniéndolo todo. ¿De qué le han servido al Perú sus enormes riquezas? Ocupa el 20avo puesto en tamaño; 30 veces la extensión de Suiza y 100 veces más pobre; 2 y 1/2 vez más grande que España y en la sierra sus habitantes adolecen de todos los servicios públicos y mueren de hambre en medio de la más opulenta riqueza agraria. ¿Es ese un progreso? ¿Puede decirse sin equívocos que hay crecimiento económico? ¿A quién le importan los crecidos balances de los bancos, de los exportadores, de las grandes trasnacionales; de los industriales? En los salones forrados con tapetes persas, en donde brilla la fanfarria, el oropel y las damas de carmesí se maquillan las cifras para detener los alzamientos obreros. Pero todos tienen hambre, menos los que prevarican, cohechan y negocian con los dineros del estado.
Alan García fue obediente con los mandatos del FMI, el BM y la Casa Blanca. Por ser tan dócil ha recibido un aplauso clamoroso de sus amos, el derecho a nacionalizarse, una casa en Miami; que lejos está de Leónidas. Ese es el precio que se recibe por despreciar a su pueblo, a su raza, a su patria. Le espera la tierra en donde vegeta el Cholo con el dinero habido en su gubernatura. Estos dos lacayos dejaron de ser indios. No son peruanos sino cuando usufructúan sus riquezas, ahora emparentados con sangre europea terminarán siendo blancos una vez se cambien el apellido. Para ellos hay una máquina en EUA que cambia el color de la piel, no el de la sangre.






