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Energía nuclear... Riesgo y desafío

Dagoberto Márquez | 12/9/2011, 2:55 p.m.

La semi destrucción de la planta nuclear de Fukushima en el noreste de Japón metió en un brete al asunto del desarrollo de las centrales nucleares. El caso es delicado porque la destrucción de la central amenaza con causar daños a la sociedad nipona pero más todavía porque, en cierta forma, amenaza con frenar un tipo de desarrollo que, de ser controlado y sostenido, garantiza la producción de energía eléctrica hacia el futuro. Algo de lo que prospectiva y tecnológicamente requerimos si tomamos en cuenta el lento pero progresivo agotamiento del petróleo. La planta nuclear de que hablamos fue objeto de un siniestro. Me refiero a un doble desastre, a una doble tragedia. Hablo del sismo de muy alta intensidad y del maremoto suscitado después en aquella zona del Océano Pacífico. Me refiero al desastre ocurrido en marzo pasado en aquella región japonesa lo cual dejó más de 12 mil muertos, un número indeterminado de desaparecidos así como daños que rebasan los 200 mil millones de dólares. Algo terrible desde cualquier punto de vista. La central japonesa producía un importante porcentaje de la energía eléctrica -de ese país- el cual incluía al área metropolitana de Tokio. Su desactivación (obligada) sin embargo no fue sencilla porque un complejo como ese es cosa complicada. Lo ocurrido dio pie a un debate, a una suerte de debate pues en diversas localidades del orbe se ha manifestado gente, mucha gente realmente. La consigna es: NO A LA ENERGÍA NUCLEAR. Es decir, NO a la producción de electricidad vía la energía nuclear, para que Usted me entienda.

Estimado lector, Fina lectora, la energía nuclear es cosa nueva. Nueva de alguna manera, naturalmente. Es cosa del Siglo XX para que Usted me entienda, no de antes. Fue Albert Einstein quien con sus conocimientos descubrió la fisión, las capacidades del átomo y de la reacción en cadena y por lo mismo la posibilidad de encerrar en un espacio reducido grandes cantidades de energía. Todo esto dio como resultado la creación de la primera bomba atómica, posteriormente. Pero el paso ya estaba dado y de ahí vino lo demás, esto incluye a las centrales nucleares las cuales no explotan, no como una bomba atómica aunque en términos de desastre sueltan radioactividad (radiación), es decir, un vapor-calor invisible pero mortífero. Esto tiene relación con el reactor de una central atómica, con una núcleo eléctrica, con su combustible. El combustible al que nos referimos se compone de uranio o de plutonio, dos elementos pesados que, sometidos a un proceso, los enriquece, dando como resultado un combustible mucho muy eficiente. Uno especial que ni se apaga ni se agota fácilmente. Por ejemplo, un submarino de propulsión nuclear puede navegar por el mundo sin reabastecerse, por mucho tiempo. Un submarino convencional (diesel) no podría hacer eso ni remotamente. Esa es la diferencia. El reactor de una central nuclear es un asunto complejo y no todas las naciones pueden tenerlos. Para ejemplificar nuevamente déjeme decir que México, con todo el poder y el desarrollo de que hace gala, cuenta con UNA SOLA. Me refiero a la de Laguna Verde (Veracruz), la central instalada durante el sexenio de Miguel de la Madrid. Al sistema de reactores de una central nuclear hay que enfriarlo constantemente, eso obliga a definir dónde y por qué puede construirse una planta de ese tipo. Fukushima cuenta (contaba) con 6 reactores pero centrales de ese tipo hay varias en Japón. La nuestra cuenta con dos reactores.


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